
NUDO Encuentro de Creadores
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essere
El ser lo abarca todo, lo constituye todo. Todo lo que hay –el mundo, yo, los demás, las relaciones que se dan en estos ámbitos – es, “tiene ser” o es ser en uno u otro modo. Por ello, la pregunta principal que subyace a todo otro interrogante es la pregunta por el ser.
Esta pregunta nos apremia desde el mismo momento en que abrimos los ojos de la inteligencia a nosotros mismos y a lo que nos rodea, pero la vida cotidiana con sus avatares nos lleva irresistiblemente a una situación de olvido del ser, a la cual contribuye el lenguaje con su papel encubridor. De ahí que la tarea principal de la filosofía, tal como lo entendió Heidegger, sea la de desvelar al ser. No me cabe duda de que también para el arte es ésta una misión ineludible, una función vital: interpretar la realidad, preguntarse con cada vez mayor profundidad por le sentido del ser. El lenguaje del arte ha de evitar todo atisbo de ocultamiento para desempeñar un papel revelador, iluminador de la realidad y su sentido.
Para desarrollar esta tarea de preguntarnos por el sentido del ser, se hace necesario centrarnos en la investigación de un ente concreto, un ente abierto y que se pregunte por el ser: el hombre. A través del ser-ahí (el ente hombre) iremos desentrañando las distintas facetas del ser. Pues hay de hecho diversos modos de ser, como afirma ya Aristóteles en su Metafísica. Uno es el ser de los objetos inertes, otro el de las plantas, los animales, etc.
¿Cuál es, pues, el modo de ser del ser humano? No es otro que la existencia. Ser y existir se distinguen radicalmente a la vez que están en estrecha relación. Existir es un modo de ser, el modo de ser propio del hombre, consistente en ser “fuera” (ex), ser en el mundo, constitutivamente abierto a las cosas y a los demás y abierto también al tiempo. El existente no es un ser acabado, cerrado a la evolución subsistente en sí mismo, sino abierto de par en par al devenir, a la posibilidad de ser lo que no es. El ser humano no era, era, es y ¿será? El carácter de apertura a la posibilidad y de desarrollo continuo es un riesgo constitutivo de la existencia, el cual sólo es posible en el tiempo. Por ello existe una total imbricación entre existencia y tiempo, a la vez que entre existencia y movimiento. El ser-ahí (ser humano) no es un ser estático sino en continuo movimiento y cambio, impregnado por la temporalidad. Existir significa moverse: venir e ir. Por lo tanto, preguntarse por el sentido del ser, desde el punto de vista de la existencia humana, significa preguntarse de dónde vengo y a dónde voy. Sólo una existencia en la que se tome en serio la temporalidad y movilidad de la misma, así como la libertad del sujeto existente, será una existencia auténtica. Esto es así porque existir significa ser-en-el-mundo y, por tanto, ser con los demás. En esta dimensión social, los demás me convierten en “uno más”, me hacen impersonal, de algún modo me arrebatan el ser. El ser humano corre el serio peligro de disolverse en la masa, de caer en una corriente inércica en la que no sea él quien vive, sino que “le vivan la vida”. Una existencia auténtica es sólo aquella en la que llego a ser yo mismo, en la que tomo conciencia de mi propia situación y me apropio mi ser. Esto se lleva a cabo dándome cuenta de que vengo y voy, de que me muevo o soy moviendo, pero en ningún caso puedo permanecer estático. Por tanto he de llamarme a mí mismo a tomar mi vida, mi libertad y mi total posibilidad en peso y proyectarme hacia delante, cuidando de hacer de mi propia vida una obra de arte. Nos elegimos a nosotros mismos a golpes de decisión, construyendo muestro propio destino en el tiempo.
Así pues, si pretendemos, mediante el arte, preguntarnos por el sentido del ser –pregunta fundamental y acuciante – deberemos partir de estas premisas que describen el modo de ser del que se pregunta.
ángel málaga







